jueves, 8 de noviembre de 2007

Minnie

El lugar es blanco. Es todo blanco. Por afuera blanco, las paredes, y la puerta grande y doble, la boletería y la remera de la chica que te cobra los veinte pesos. Y el ticket que me dieron no, el ticket es cuadrado y rosa y dice Barhein en el centro y abajo Damas. Y después adentro también es blanco, pero es como sorpresivamente blanco, porque te recibe una especie de living con tres sillones blancos pero de frente te encontras con un telón negro inmenso que promete oscuridad y rockandroll y no, lo abrís y otra vez todo se pone blanco, súper amplio, frío, resbaloso y mucha barra plateada, mucha chica de pelo planchado brilloso negro, y luces plateadas por todos los rincones, y mucho vaso largo, mucho speed con vodka y bebidas que no son blancas pero son transparentes, y todo lo que es transparente es un poco del color que está abajo o atrás y como acá todo es blanco, las bebidas se hacen blancas. La música es disco, es música de los ochenta. Así decimos, pero igual hay temas noventones, y del dos mil también, suena David Bowie, Garbage, New Order, alguno que otro de Pixies, los más hitasos, pero también Gorilaz y Fat Boy Slim.

Es que desde hace un par de fines de semana, salgo con mis ex compañeras del secundario todo el tiempo. Cecilia quiere que me dé un saque en el baño con ella, pero a mí con fumar lo que ya fumamos en el departamento de Palomo me alcanza, y si encima me tomo una copa de ese vino blanco espumoso y me saco los anteojos, ya está. Para mí ya está. Pero igual vamos al baño, ella se mete en uno de los casilleros con inodoro y me pide la cartera. Me dice dale entrá. Le digo no, está bien, te espero. Cuanto más tarda más me mareo, me agacho, porque mareada tengo movimientos brutales, y la veo que está al revés, con la punta de los pies mirando al inodoro, no a la puerta, como si meara parada, no está haciendo pis. Este es todo un pensamiento que hago, pero no lo hago, es como si, pero no. Porque una parte de mí no articula discurso, es mera sensación. Todo. Está todo blando. Blando y blanco, todo demasiado brilloso. Todo es demasiado absurdo. Yo y mi ropa. Mi pelo. Ese pibe abrazando a esa chica. Y esos dos oliendo ese frasquito. Todo. Mi vestido negro con tanto escote. Es tan estúpido mostrar las tetas así. Cecilia sale y me dice “ahora vamos abajo, dejate de joder con esta música de mierda, pero antes dale, entrá, tomate esta pasti que estas re careta”.

Porque el lugar inmenso y blanco en el que estábamos es arriba, arriba de un lugar que es más abajo, y es como un sótano o algo así, o un piso de abajo, donde suena la música que según ella es de verdad, suena Drum and Bass. Y tan tan fuerte, que mientras estamos bajando la escalera-túnel ya sentimos los golpes del sonido contra el espacio. Contra las paredes, debajo de los pies, por todos lados, yo no lo digo, pero tengo miedo, no sé a qué, pero tengo un poco de miedo. Ella empuja una puerta negra muy grande y pesada y entramos. Me pega en la cara una masa de aire denso y caliente. Está todo oscuro, muy muy oscuro, cada tanto hay relámpagos de luz blanca y la gente parece que posa para una foto porque los fogonazos los acartona en poses cualquiera. Es como un colage de cuerpos en vida.

Estamos entrando al subsuelo de la realidad, así lo siento, estamos caminando entre convulsionados rítmicos, que escupen sudor perfumado por miles de millones de bocas minúsculas distribuidas por todo el cuerpo. La gente no es gente, es masa, pero también es uno y cada uno.
La sigo a Cecilia, ella sabe dónde estamos, ella sabe caminar y esquivar gente como ninguna, ni los toca, ni hace falta que codee a nadie, ella abre grupitos de chicas como si fueran cortinas, y yo la sigo de la mano, voy un poco más atrás. El novio de ella y los amigos de su novio ocuparon el lugar al lado de unos parlantes bajos, y bien cerca de la tarima del dj. Todos nos miramos, pero no hablamos, porque no se puede, el drum and bass ocupa todo, hasta la boca. Me acuerdo del poema de una chica que decía que el dj se había puesto a llorar en medio del set, y que a mí se me había ocurrido la idea de que un dj se inmole en plena fiesta. Estamos en sus manos. Él tiene el poder.

El drum and bass es música rápida y sincopada. Así se vende. Así me dijo una vez Bad Boy Orange, el embajador argentino del drum and bass y el mentor de estas fiestas que se llaman +160. Me había explicado que la música tiene una forma de medirla que son los beat por minuto, y entonces por ejemplo el house tiene 130 beat por minuto, y el drum and bass más o menos 180, pero que se llaman +160 porque se empezó acelerar a partir de ahí. Entonces esa vez en la confitería le pregunté ¿Cuál es la diferencia? Y él corriéndose un mechón largo de pelo negro me dijo: es acelerado, es recargado, intenso, es hiper real. Contiene todo, cualquier cosa que se te ocurra esta reflejado en el Drum and Bass. Está más cercano a la realidad de la ciudad, a lo que uno puede escuchar y sentir en el ajetreo de la urbe. El drum and bass es caos versus control; programaciones y beats futuristas, que se expanden y se contraen, se ocultan y explotan, para generar una respuesta física total en los danzarines.

Igual no pienso en todo eso mientras trato de bailar. Porque casi no puedo bailar, es demasiado acelerado, estoy demasiado sacada, lo único que podes hacer es sacudirte, Cecilia me pasa un vaso con bebida transparente, me mira y se ríe. Al rato me doy cuenta que volví. Que me había ido, que no estaba, que me están empujando, que estoy sola entre medio de unos pibes que transpiran y toman agua, y que ella desapareció, que está todo blando, que tengo ganas de besar a ese chico y a ese y a ese. Que tengo ganas de amar sin límites, que tengo un amor re poco discriminador que me navega por las venas.

Ella no vuelve pero igual hay algunas personas por allá que conozco, me sigo sacudiendo, es como una agitación que me viene de abajo, de adentro pero también de afuera. Es el drum and bass o soy yo. No sé, porque ahora la música desacelera, está bajando, cada vez más, parece que quiere desaparecer, parece que nos quieren volver locos, y todos silban y miran donde está el dj y le gritan vaaaaaaamoooos y hay más silbidos y ya casi se va a hacer el silencio y parece que ahora fuera a estallar algo o que lo que late somos nosotros, porque estamos como en una comunión de la espera musical, de que el dj no nos haga ésto por dios, la música la necesitamos más que al agua y que al aire y de repente sube sube sube y todos silban y saltan y uno me moja sin querer y después me besa y nos separamos y saltamos, y todos dicen vaaamooooos looooocoooooo, uuuuuu dice el pibe y se sacude como yo.

Mi amigo llegó. Yo lo estaba esperando. No sé por dónde entró porque ya ni me acuerdo dónde es la salida. El está seco ¿abrigado? Y parece que el drum and bass no le hace nada en la columna vertebral. No, nada. Así que en la barra pedimos un trago de bebida transparente para él y un agua mineral para mí. Me acomodo el vestido e intento hilar dos o tres oraciones congruentes. Y como me habla tan tan tan cerca de la boca hay beso. Creo que hasta es lindo, y se mueve como Johnny Deep en Pánico y locuras en las vegas, con pasos estirados, artificiales, y tiene unos ojos azules en los que me parece que me caigo y eso que a mí antes no me gustaban los ojos azules porque me daban miedo. Me daban miedo los ojos azules porque algunos ojos azules se vuelven como transparentes y todo lo transparente se vuelve siempre blanco, y los ojos blancos son ojos de muerto. Y a mí todo lo que tiene que ver con muertos me da terror. No por el muerto. Por la muerte. Por la idea de muerte. Pero me gusta cuando me besa porque es grandote y yo hoy me siento mini. Minimamente yo.
Mi amigo le saca fotos a chicas famosas, y hace unos días me dijo que estaba aburrido de las caras conocidas, que necesitaba perpetuar anónimas. Yo me ofrecí, y la invité a Cecilia a que nos saquemos fotos en su estudio. Posamos con orejas de Minnie. Sentadas, paradas, acostadas. Serias y contentas. Y mientras nos pegaba el flash en los ojos me acordé de los Mickey de Llach, unos pibes de San Isidro. Unos pibes que se ponían buzos con la cara del ratón para salir a aprovecharse de algunas minitas. Que los Mickey eran de zona norte.
Me quedé tranquila porque él no es de ese barrio, él es de Palermo, y antes de tocarme seguro que pide permiso. Pensaba en eso pero también en el sinsentido de estar posando así. Y ahí nos preguntó si daba para que tengamos sexo entre los tres pero cada uno personificando a un muñeco de Disney distinto. Cecilia dijo un no fuerte tres veces y se arrancó las orejas de un tirón. Dijo que no, que nos íbamos, y mi amigo preguntó si yo iba a escribir sobre ésto.

Ahora Cecilia nos ve bailar juntos y no se quiere acercar. Es que no le contó al novio lo de las fotos como ratonas. Pero mi amigo trajo las orejas en la mochila y me las está poniendo, me dice que bailemos así,
que así se baila en Palermo Queen.


19 comentarios:

martin dijo...

sos buenisima

Anónimo dijo...

"un amor re poco discriminador". me encantó la manera de nombrar a esa sensación tan particular.

JOH dijo...

MAGA ES EXTREMADAMENTE GROSAAAA!

cynthia smart dijo...

abre grupitos de chicas como si fueran cortinas

sí sí sí

KRAPP dijo...

Te recomiendo que tomes un trago que se llama "grifo" que te deja re manija.

Buk_leon dijo...

Buen escrito,se lee que fue una buena noche.

Casi casi me dan ganas de ir a la
Creamfields...pero no.

Saludos!

el Cerdo sin galera dijo...

Bueno, bueno, bueno. Sublime; y me encantó el break con la entrevista a Dj Orange.

Si Cucurto es el escritor de la cumbia; vos te recibiste de poeta del drum!

fede dijo...

puedo ser tu mickey?

Alan Murray dijo...

La niña de la izquierda me ha dejado cachondo. El vestido de lunares y el rostro de muerta hicieron el trabajo.

Le quitaría sus bragas y follaríamos parados como dos animales. Luego me correría sobre su culo, le quitaría el vestido y desaparecería de allí. Con su rostro apático y moribundo no habría nada que hacer, lo perdería para siempre, al igual que pierdo todo lo que deseo conservar. Conservar el vestido sería un fútil intento de cambiar las cosas.

Así de miserable soy.

Alan Murray

cajadegoma dijo...

Si queres salir con tu novio el trolo vayan a Cocoliche. Ese es un boliche de veras. Electronico y border.

La proxima vez q El Chico Malo Naranja te diga algo asi por favor reite en su cara asi se rescata y deja de decir pelotudeces. Es un infeliz.

Por lo demas, buen y actual texto de semi ficcion.

pd. el drum es inbailable.

cajadegoma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
CAPITAN BAKER dijo...

YO FUI A COCOLICHE. UN HOLANDES ENCARO A UNA PIBITA CON LA QUE ESTABA, DOS NEGROS CON POCOS DIENTES ME QUISIERON VENDER UN BICHO POR 5 PESOS Y ME TOME UN GIN TONIC QUE ME CAYO PARA EL ORTO.



LO ULTIMO QUE QUIERO ES ABURRIRLA.

Maga E. dijo...

murray si queres comentar las fotos te puedo pasar la dirección del banco de imágenes, la saqué de ahí

lo rigby dijo...

"el drum and bass ocupa todo, hasta la boca"...es asi, cuando suena el dn'b pasa eso
me acuerdo que una vez en una fiesta Bad Boy Orange, se pute� con un pibe de "mi grupo". Nunca entend� que pas� pero pas� seguro

cocoliche esta bueno


y el texto esta buen�simo

gabriel dijo...

me encantó el texto y la foto...la foto es un poema.

Jardinera dijo...

blanco pala

Terminal Condition dijo...

Que lindo sillón!!!

manooko dijo...

me gustó mucho este texto. Me gustó como está llevado, la cadencia y la velocidad. El registro (de conducir?).

Y también me gustó poruqe habla un poco de ciertos lugares donde he estado.

Recuerdo que hace unos años frecuentaba +160, especialmente cuando estaba todavía en el ahora (cerrado?) ElDorado... cuando era más oscuro y más feliz y más nefasto todavía. Das Kapital junto al calefón: el primer club los martes, con bicicletero y todo.

{de esto hace ya unos laaargos años...}

A Bahrein fui apenas un puñado de veces. El Drum n bass (o a veces, internamente el DRAMA N BASS) seguía firme y más fuerte; seguía circulando lo mismo que antes, pero me daba la sensación de que el lugar era bastante más vigilante que nuestro viejo y querido antro.

(Y también me acuerdo de la época en que les pedía permiso a las chicas antes de tocarlas... pero eso ya es otra historia)

saludos
manuco

pd: muy buena la idea de un dj volandose la tapa de los sesos en meio del set.

Ivanna dijo...

uff

podríamos salir juntas


que genial descripción

furor romántico

furor romántico